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[28-04-2015] CALMA MALLORQUINA EN CAN LIS DE JORN UTZON

El arquitecto Jorn Utzon amaba el mundo naval. A su regreso de Australia, tras abandonar la construcción de la Opera de Sídney, se enamoró de Mallorca y construyó allí Can Lis, una vivienda sobre el Mediterráneo. Era el año 1972. Le puso el nombre de su mujer y se conoce como la casa del sol, ya que puedes contemplar su ciclo completo, con el único sonido del mar rompiendo contra el acantilado. Hoy tengo la suerte de despertarme aquí.

Llegar a los lugares en barco siempre añade un ingrediente de romanticismo al viaje. A pesar de evitar intencionadamente el avión, el encuentro con la isla de Mallorca supone un enorme choque. Poco a poco te vas adaptando al entorno, comprendiendo la sencillez y a la vez la inmensa riqueza de los diferentes espacios que configuran Can Lis, en un maravilloso emplazamiento cerca de Porto Petro.

La vivienda respira arquitectura tradicional mallorquina a través de la maravillosa piedra marés local (sostenibilidad real, más allá de la mera palabra de moda). Recuerda continuamente a la Grecia clásica, al mundo árabe y a la arquitectura oriental. Escandinavia está presenta a cada paso, Aalto, Asplund, Pietilä, hacen de Can lis un ejemplo de modernidad y vanguardia, así como un referente no sólo constructivo, sino también ético, para los tiempos de fuegos artificiales que vive la arquitectura y la sociedad actual.

El bosque mediterráneo se refleja sobre el muro perimetral, como antesala de lo que ocurrirá tras la puerta de entrada. En el suelo los huecos, las puertas, van arrojando luces y sombras, invitando a entrar, a disfrutar de la experiencia. Olvidarse de la vivienda y mirar alrededor, el bosque, el mar, el acantilado, el sol, la luna, no es más que una forma de reafirmarse, haciéndola desaparecer, de un modo sutil, y manifestar a la vez un mimetismo con el entorno en un elevado ejercicio de sencillez.

La media luna en honor al grabado del pintor japonés Hiroshigue, bow moon, y al antiguo nombre de la calle,mitja lluna, marcan el acceso y dejan ver el mar nada más entrar. El uso de la cerámica parece provenir de los viajes de Utzon a la ciudad persa de Isfahán. Los colores vivos, blanco, azul, ultramar y tierra, son referencia al pintor Asger Jorn, de quien era gran admirador y cuyo museo proyectó en Silkeborg en 1963, aunque nunca se construyó, una de las grandes arquitecturas ausentes del siglo XX.

El mobiliario fijo, en el gran atrio central, en los patios traseros y delanteros de los pabellones, así como en el sillón circular del salón, configuran diferentes modos de estar y crean situaciones variadas a lo largo del día, en función de su uso. Unas sencillas sillas de mimbre, desgastadas por el paso del tiempo y la sal marina, se pueden ir moviendo por la vivienda, generando nuevos espacios de encuentro y relación.

Luz tamizada

Amanece en Can Lis. En el dormitorio, unas sencillas cortinas blancas hacen de telón de fondo sobre las que el sol va reflejando los árboles y el mar. La luz tamizada te va despertando poco a poco y cuando se abren el sol impacta sobre las paredes de piedra marés, tiñendo de rojo el volumen de casi cinco metros de alto. Cuentan que Utzon estudió el Teatro Olímpico de Palladio antes de construir Can Lis.

Subirse a los tejados siempre da una perspectiva diferente de los lugares. En este caso es una obligación. La cubierta de bovedilla cerámica que se ve en el interior aparece rematada por unas pequeñas piezas planas de teja mallorquina y una chimenea-lucernario, con claras reminiscencias árabes, emerge sobre la horizontal. Es inevitable el recuerdo a Le Mépris (El desprecio) de Godard y de Brigitte Bardot tomando el sol en la Casa Malaparte.

La vivienda se asienta sobre diferentes plataformas escalonadas que van descendiendo, referencia a la arquitectura azteca, griega y mesopotámica. Las transiciones interior-exterior, hacia el mar (norte-sur) y hacia los pabellones de dormitorios (oeste-este), están cargadas de pequeños detalles que vas descubriendo con el pasar de los días. Utzon solía sentarse en el borde del acantilado a dibujar, le gustaba bajar a la cueva que hay debajo, junto al agua, y en este punto hay algo que no deja de recordar a la atmósfera de las películas de Theo Angelopoulos.

El sol se proyecta sobre el mar y lo va transformando a lo largo del día. La intensidad luminosa es un espectáculo, en ocasiones demasiado fuerte. “Los pescadores daneses tienen los ojos destruidos por esta causa”, solía repetir Jorn. Invitación puntual a la búsqueda de nuevas formas de habitar, de una luminosidad más cálida, al abrigo de los patios posteriores y espacios de transición, donde la cerámica ultramar recuerda constantemente la presencia del Mediterráneo sin verlo directamente.

Lo que comenzó siendo la casa del sol acaba convirtiéndose en la casa de la luna. Una vivienda lineal, tal y como se puede leer en su planta, que termina mostrándose como circular, cíclica. Dualidades que se repiten una y otra vez, dentro-fuera, abierto-cerrado, circular-lineal, completando ciclos solares, lunares, lluvias, tormentas. Un privilegio y un placer alrededor de Jorn Utzon, en Can Lis, cerrando el círculo.

Sergio Baragaño es arquitecto, fundador y director de [baragaño], y fue premiado con la Beca de Investigación de la Fundación Utzon y la Danish Art Foundation.

Artículo de Sergio Baragaño en ‘el Viajero’ [el País]

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