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[02-06-2014] EL FESTIVAL CERRÓ ANOCHE SU XIV EDICIÓN CON 190.000 ASISTENTES_

JUEVES

La noche del miércoles, tradicionalmente la de tanteo y toma de contacto, quedó algo emborronada por los aguaceros que remojaron aTemples y Sky Ferreira -no así a Stromae, impermeable a las modas y también a la lluvia-, así que fue ayer, con el cielo en calma y el recinto del Forum tan abarrotado como alborotado, cuando el Primavera Sound empezó a desperezarse para activar todos los engranajes de un festival de tamaño cada vez más inmenso y descomunal.

Se esfumaron los nubarrones, sí, pero ahí estaban Arcade Fire, vestidos para matar, dispuestos a desatar una tormenta de órdago. Un terremoto de ritmos, coros ululantes y estribillos in crescendo con el que los canadiense se coronaron como los grandes triunfadores de la primera noche del festival y confirmaron que su música parece haber nacido para desparramarse por gigantescas planicies como la que acoge los dos escenarios principales del festival.

VIERNES

Se desplomó el cielo sobre el Primavera Sound mientras John Grantacunaba esas canciones en las que siempre llueve aunque luzca el más radiante de los soles y el recinto del Forum se transformó en una gigantesca piscina, pero nadie se movió. Bueno, casi nadie: los hubo que buscaron refugio bajo la pérgola, la placa fotovoltaica o en el Auditorio a la vera de Mick Harvey, pero fueron aún más quienes, paraguas en mano, mantuvieron el tipo bajo el aguacero mientras el exlíder de los Czars les dedicaba “Greatest Motherfucker”. “Por aguantar aquí”, sentenció un Grant que, con sus bellas letanías, desafió sin inmutarse las inclemencias meteorológicas que, tras una jueves de tregua, sacudieron ayer el arranque de la segunda jornada del festival barcelonés.

No fue, sin embargo, más que un breve remojón; un aguacero inoportuno que caló a Grant y a Drive By-Truckers pero que, respetuoso, desapareció en cuanto Dr. John apareció sobre el escenariodispuesto a convertir el festival barcelonés en franquicia temporal delblues arrastrado y la fanfarria criolla. Apoyándose en el reciente “Locked Down” y apuntalando el ritmo con la muy oportuna“Revolution”, el de Nueva Orleans ofreció una lección de sabiduría musical, hipnotizó al público con su piano embrujado y elevó considerablemente la temperatura cuando se sumergió a fondo en su nutritiva marmita musical para rescatar “Let The Good Times Roll” y “Such a Nite”. Chapoteaba el público en el sonido de los pantanos de Mac Rebennac y el Primavera Sound, que esta noche cierra su XIV edición con dos reclamos tan dispares como Caetano Veloso y Nine Inch Nails, sumaba galones y desbloqueaba nuevos restos estilísticos.

SÁBADO

No, no fue un espejismo: en apenas unas horas el Primavera Sound celebró con gozo el inmenso estado de forma de Caetano Veloso, se adentró en el túnel del tiempo con el punk acorazado de los Buzzcocks,se rindió al terremoto emocional que Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández desataron en el Auditori, rebobinó aún más para exhumar las guitarras con pedigrí de Television, plantó bandera en África con el afrobeat inflamado de Seun Kuty y acabó con los plomos fundidos mientras Nine Inch Nails exprimían su retablo de angustias sintéticas y ritmos industriales en alta fidelidad. Y todo sin salir del Forum de Barcelona, ecosistema hiperopoblado que anoche despidió las XIV edición del festival barcelonés deletreando una vez más la gloria del éxito.

Nuevo récord. Otro más. Parece imposible, pero el Primavera Sound volvió a batir su propia marca reuniendo a cerca de 190.000 personas, 20.000 más que el año pasado, y confirmó que, a estas alturas, el único techo imaginable para el festival es que la propia organización quiera imponerse. Ni siquiera la lluvia que apareció intermitentemente durante estos tres días empañó una cita que sigue creciendo al amparo del público extranjero, que este año ha supuesto el 44% del total del público, y, sobre todo, propulsada por un cartel que resume en unas pocas horas casi todos los seísmos presentes y pasados de la música popular.

A la hora del cierre y durante la rueda de prensa de balance que ofreció la organización, un periodista extranjero preguntó, extrañado, que como era posible que en un contexto de crisis y recesión, un festival como el Primavera Sound siguiese incrementando público año tras año. Un misterio que podría resolverse echando mano de la fidelidad del público o de la importancia del visitante extranjero pero que encontró su respuesta definitiva (y definitoria) en cuanto Caetano Veloso apareció sobre el escenario dispuesto a olvidarse de su carrera para sintonizar su vigoroso presente.

Los números del festival, es cierto, apenas habrían variado sin la presencia del astro brasileño, pero su actuación, emparedada entre los calambres de Superchunk y el folk expansivo de Volcano Choir,ayuda a entender por qué el Primavera Sound se ha convertido en lo que es. Es más: el brasileño jugaba en campo contrario, pero acabó imponiéndose a lo grande con su contagiosa efervescencia carioca, su fusión de bossa y rock y el funk gomoso de “Abraçaço”. Una asombrosa maniobra de escapismo y diversión, de riesgo festivo sin asomo de nostalgia que le llevó a centrarse en el poderío rítmico de “A bossa nova é foda” y “O império da lei” y a transformar el festival en una luminosa fiesta tropical con “Baby”, “Triste Bahia” y “Reconvexo”. Una inmejorable lección de como mantenerse en la cima a los 71 años y conquistar a un público más acostumbrado a transitar por otras latitudes sonoras.

[ Fuente _ ABC Cultura ]

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