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[28/06/13] CAN LIS Y CAN FELIZ_

Jørn Utzon 1972 y 1994, Palma de Mallorca

Contaba Utzon, a comienzos de su carrera, lo mucho que le sorprendió saber que el célebre arquitecto sueco Gunnar Asplund murió de estrés. En su lecho de muerte, Asplund le preguntó a su hijo que si todo el esfuerzo había merecido la pena. Lo que no sabía Jørn era que años más tarde se enfrentaría ante una situación similar.

Tras nueve años de trabajo diseñando y construyendo en el continente oceánico, la Ópera de Sidney, su obra más reconocida, Jørn decidió dimitir por la presión y el trato de las administraciones públicas. En el viaje de regreso, en 1966, hicieron escala en Mallorca, donde él y su mujer se quedaron maravillados por el encanto y sosiego de la Isla.

Años más tarde, en 1972, el arquitecto danés decidió construir allí un refugio personal para sus vacaciones. Un lugar de tranquilidad plena donde poder descansar. Frente al Mediterráneo, al borde de un acantilado cercano a un pequeño pueblo de pescadores, entre mirtos y pinos, y con privilegiadas vistas al Mediterráneo erigió su refugio de paz para contemplar la naturaleza. Utzon comentaba que el lugar elegido hacía referencia a su escrito “Plataformas y Mesetas”, consecuencia del viaje que realizó en 1949 a las pirámides mayas de Méjico. La llamó Can Lis, como su mujer.

Partiendo del concepto de vivienda que iba a construirse en Sidney, la casa se dispone como una secuencia de pabellones desordenados enlazados por una tapia, dando respuesta al entorno y a las diferentes funciones de la vivienda a lo largo del día. Las estancias se ordenan de manera que la vida de la familia sigua una ruta a lo largo del día que parece perseguir el trazado recorrido por el sol.

El arquitecto lo explicaba mediante la historia que la novelista danesa Karen Blixen escribió sobre los granjeros africanos en Memorias de África: “Les era imposible construir sus casas ordenadas en línea recta porque ellas seguían un orden que estaba basado en la posición del Sol, en la de los árboles y en las relaciones entre las edificaciones” Por ello, la casa supone un estudio sin igual en la relación entre la estructura y la luz. Como dicen algunos, Can Lis propone una nueva tipología de vivienda, “la casa del Sol”.

Los cuatro pabellones configuran volúmenes independientes, de forma, altura y orientación diferente, respondiendo a la topografía del terreno, respetando los árboles del entorno y seleccionando vistas concretas del Mediterráneo, de ahí que el inmobiliario sea fijo, echo en obra. El material principal de la construcción fue una arenisca local, la piedra de marés, que varía del color dorado al rosáceo. La modulación y las proporciones generadas vienen dadas por el uso de este sillar tradicional de la Isla.

La casa está escasamente amueblada. No hay cuadros en las paredes, sólo llibros en las estanterías de las diferentes salas, y la única decoración proviene de los azulejos de color azul y negro esmaltado en secciones de las paredes. Sin pintura y con la arenisca mallorquina como elemento unificador, la casa da una impresión de atemporalidad.

En un principio, desde el exterior y a primera vista, la construcción no tiene mucho de especial. Pero he aquí su grandiosidad. La manera más certera de entender la construcción reside en la vivencia de la misma y en comprensión del uso de las diferentes estancias. Hay que vivirla, sentirla, para comprenderla. La sensación y olor de la brisa marina, el aroma del campo recio y la vegetación de la isla, el sonido del viento acariciando los pinos y mirtos, el resonar del oleaje calmado de las Baleares, la textura de la arenisca, los juegos de luces y sombras que se generan a partir de las diferentes aberturas y patios…el silencio. Un espacio proyectado para la paz del espíritu y el disfrute del entorno.

En 1994, veinte años después de la construcción de Can Lis, Utzon y su esposa pasaban la mayor parte del año en Mallorca. Debido al alto grado de humedad en invierno por la constante brisa marina, y, aunque en menor medida, a la asiduidad de entusiastas de la arquitectura, cedieron la casa a sus hijos. Fue entonces cuando se decidió por construir una nueva casa de veraneo, lejos dejos de la húmeda brisa marina, en el interior de la Isla, enclavada en la ladera de una montaña, mirando a través de grandes ventanales las grandes pinadas que llegan al mar. La llamó Can Feliz.

Construida con el mismo concepto y materiales que Can Lis, esta última es una casa más integrada con las construcciones típicas y tradicionales de la Isla, hasta el punto de pasar desapercibida. La diferencia reside en que las diferentes dependencias se disponen alrededor de una terraza y presenta un único  continuo tejado de tejas árabes que cubre las tres secciones.

Hoy en día, Can Lis es propiedad de la Fundación Jørn Utzon, la cual ha destinado la estancia como residencia para diferentes artistas que estudian la vida y obra del arquitecto. Can feliz sigue siendo propiedad de su hija Lin, y su localización una incógnita ya que los visitantes que relatan los diferentes artículos sobre la vivienda, afirman no recordar el camino de entrada.

[ Fuente _ historias de casas ]

http://bit.ly/10XzbgU

TRIPTICO 1

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TRPTICO 2 BYN

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